F.J. Barragán de la Rosa
Sept. 2019
Publicado en Rev. Feria del Coria del Río, pag. 48-54 (2019)
Con este trabajo nos hemos propuesto recuperar la memoria de
una pequeña ermita rural existente en Coria llamada del Santo Cristo de Ugena
desaparecida desde al menos dos siglos. De esta ermita bastante alejada de la
población, disponemos de muy escasa información, por eso queremos aquí reunir
los pocos datos que nos son conocidos, al tiempo que hacemos una propuesta para
restituir su ubicación y parcialmente su historia. Este trabajo puede abrir el
camino a quien desee hacer una investigación más detallada, por eso también nos
proponemos circunscribir el contexto en que tal ermita habría funcionado a
través del tiempo.
La ermita del Santo Cristo de Ugena
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A través del relato de los Visitadores de las parroquias del
Arzobispado de Sevilla tenemos constancia de la ermita del Santo Cristo de
Ugena a partir del s. XVI. Las referencias solo nos indican que la ermita se
encontraba en el campo a 1/4 de legua del pueblo de Coria y que en ella se decía
misa en ciertas ocasiones, llevándose los ornamentos desde la parroquia de la
Estrella, pues esa ermita carecía de ellos. En alguna ocasión la ermita es
citada en el momento de hacer la visita a la parroquia de la Estrella de la
villa de Palomares, lo que esto puede crear la duda de si se encontraba en el
término de esta villa limítrofe. De hecho el topónimo Ugena corresponde a
Palomares donde existió una hacienda de igual nombre con origen en una antigua
alquería árabe, allí se ha conservado también un pago denominado Razo de Ugena,
el arroyo Ugena está integrado en su término (es el primer afluente importante
del Riopudio a su derecha según subimos desde su desembocadura hacia su parte
alta y que desemboca justo en el límite de ambos términos). Saliendo de
Palomares y paralelo al citado arroyo de Ugena existe el cordel de Ugena, al
llegar a la desembocadura del arroyo en el Repudio este cordel sigue paralelo
al mismo por su margen izquierda hasta llegar a desembocar en la actual
carretera de Almensilla (esta vía es la que en Coria del Río ha sido conocida
como camino de la Manta o del Riopudio). Es por tanto la Hacienda de Ugena la
que origina el resto de los topónimos señalados.
Recreación de una ermita rural tal como pudo ser la Ermita del Santo Cristo de Ugena
La conjunción de todos esos topónimos, los datos presentados
junto a otros que mostraremos más abajo, junto a la distancia de ¼ de legua
desde Coria y también una distancia similar desde Palomares nos lleva a situar
en nuestra opinión la ermita del Cristo de Ugena muy cerca de la confluencia
del Arroyo de Ugena con el Riopudio, aunque dentro del término de Coria,
prácticamente en el límite con el término de Palomares al borde del camino de
la Manta o del Repudio. Se trata un estratégico punto pues en su proximidad se
podía cruzar mediante una alcantarilla el arroyo Riopudio, verdadero eje
vertebrador de la rica comarca agrícola del Aljarafe a la que divide en dos
mitades [1].
La primera información que nos ha llegado de la ermita, la
recoge A. Hernández Parrales [2] quien nos la refiere en una visita a la
Parroquia de Ntra. Sra. de la Estrella de Coria del Rio, citada en la memoria
que el Visitador de los Pueblos del Arzobispado D. Joaquín Ussum y Soria. Este,
en su visita del año 1706, indica que la ermita estaba en el campo [al pie del
camino del Aljarafe o camino del Riopudio, el de más trasiego de los que
comunicaban a Coria] con el título de ermita del Santo Cristo de Ugena a una
distancia de 1/4 de legua de la población. Esta ermita estaba atendida por un
ermitaño designado como hermano Juan, aunque carecía de ornamentos para la misa
que debían de ser “llevados de la parroquia”. Esta ermita debía ser muy pobre,
sin embargo muy frecuentada. El motivo, su cercanía a la Cañada Real de
Medellín que conducía desde Extremadura a las Islas [del Guadalquivir] y por
hallarse cerca de un pequeño puente para el ganado atravesar el Riopudio, más
adelante ir bordeando Coria, cruzar el Guadalquivir a través del barcaje de su
puerto y seguir luego por “Aquel Lao” bajando hasta la Isla Menor. Dicho
puente, ha estado en pie hasta hace poco, era pues donde divergía del ganado
que seguía hacia la Isla Mayor por la Cañada Real del que se dirigía a la Isla
Menor como hemos señalado (el puentecillo entre Uncina y Ugena permitía cruzar
el brazo más antiguo del arroyo Riopudio que fue divido en dos cauces a
mediados del s. XX. Poseía dos arcos de fábrica de ladrillo y estaba medio
tapado por los taludes de los terrenos circundantes). La ermita estaba situada
pues de manera estratégica en la encrucijada de dos caminos: el Camino del
Aljarafe que seguía la margen derecha del Riopudio y el camino a Palomares
llamado Camino o Cordel de Ugena (hoy la avenida Camino de la Isla en el pueblo
de Palomares del Río) a poco más de un km de la otrora extensísima hacienda del
mismo nombre. [3].
Fig 1 Plano de Situación de la Ermita del Santo Cristo de Ugena en el
límite entre Coria y Palomares. En rojo la Ermita en el paraje en Coria llamado
como Uncina y la Hacienda de Ugena ya en Palomares. Además figuran en rojo un
primer puente que salva el Riopudio y otro que mas arriba da servicio al camino
de Mairena –Palomares-Almensilla donde existía una venta y molino harinero. Los
caminos o Vias Pecuarias se señalan con letras. A Camino a Sevilla B Camino
Alto a Palomares C Cordel de Ugena (hoy C/Camino de las Islas en Palomares) D
Colada del Pintado o del Callejón de la Magdalena que conducía al puerto de
Coria pasando por los Cuatro Caminos (hoy C/ V. de la Salud) E Camino del
Riopudio antiguamente el de más tráfico (hoy camino de la Manta) F Cañada Real
de Medellín a Isla Mayor ( hoy Vereda Real que pasa por detrás del cementerio
de San Lucas de Coria del Río.
La siguiente noticia que nos llega de la ermita, viene por
parte de D. Pineda Novo [4] quien recoge en este caso la estación en Palomares
del susodicho visitador D. Joaquín Ussum y Soria en el mismo 1706, quien al
hacer el informe de la parroquia de Palomares refiere : “ No hay hospital
alguno en esta villa, ni en ella ni en su término más ermita que la de el Santo
Cristo de Ugena, que dista ¼ de legua [de Palomares], la qual tiene su altar de
pintura ordinaria, ara buena y unos manteles” [5]. Nos indica A. Hernández
Parrales que en las visitas de 1720 la ermita no se menciona.
A la ermita de Ugena debieron asistir a rezar al Santo
Cristo, ya que en ella rara vez se celebraba misa, los habitantes de la cercana
hacienda y aldea de Ugena, pero sobre todo los numerosos caminantes, arrieros,
carreteros, merinos, trabajadores del campo y devotos de Palomares, Coria y
otros pueblos del Aljarafe. De modo que gozaba el Santo Cristo de Ugena de
tanta fama de milagroso y tanta devoción que su recuerdo trascendió a la
memoria popular, aún después de desaparecida la ermita durante mucho tiempo.
Por tal motivo la ermita en 1614 debieron pararse circunstancialmente los
integrantes de la expedición japonesa Keicho a cargo del samurai Hasekura
Tsunenaga y auspiciada por el fraile franciscano Luis Sotelo, cuando desde
Coria se dirigieron al convento franciscano de Loreto (Espartinas) y la
Hacienda de San Luis de Mejina en donde la mayor parte sus integrantes se
alojarían entre octubre a noviembre de 1614 y luego desde junio de 1616 a julio de 1617. Por
ese motivo debieron recorrer con frecuencia la Cañada Real o Vereda de la Carne
en el trayecto de Espartinas a Coria y vic. , parándose alguna vez por lógica
natural a rezar en la ermita del milagroso Cristo de Ugena [6].
Fig. 2 Santo Cristo de San Agustín de Sevilla, imagen de tipología muy
semejante a la que debía tener el Santo Cristo de Ugena, por adaptarse al gusto
de la época (s. XV-XVI).
Tenemos otra referencia a la ermita de Ugena por una antigua
leyenda que discurre entre los años 1760-1780 recogida por la tradición oral y
que nos cuenta R. Ronquillo Pérez [7] que discurre por los caminos y haciendas
de olivar tan numerosas la riquísima comarca del Aljarafe. Esa leyenda nos
refieren los escarceos amorosos de un personaje de la alta sociedad sevillana
de nombre Miguel Porcel y Manrique de Arana “Conde de las Lomas” con una
sirvienta coriana de nombre María Miranda “La Coriana” que el conde la
convirtió en su amante. La leyenda indica que en los primeros momentos de
aficionarse el conde de las Lomas a la Coriana, este acudía en su corcel a las
primeras sombras de la tarde a citarse con ella en las cercanías de la Ermita
del Cristo de Ugena a 1/4 de legua de Coria donde María vivía para así
preservar la discreción de sus encuentros. El Conde que venía por las tardes
con su caballo desde su gran hacienda de olivar sita cerca de Bormujos llamada
La Peregrina, tomaba el camino del Riopudio y descendía hasta pararse primero en
la ermita de la aldea de Santo Domingo del Repudio (que prácticamente desde el
s. XVI se convirtió en simplemente un par de casas) con la excusa de hacer unos
rezos. Luego seguía bajando a la Ermita del Cristo de Ugena (con la misma
excusa) donde al caer de la tarde tenía lugar su encuentro con María. Luego
retrocedían ambos a lomos del caballo por camino del Aljarafe, así el conde
llevaba a “la Coriana” hasta su hacienda de La Peregrina, donde disfrutaron su
romance. Tanto se aficionó el Conde de las Lomas a María que acabó comprando
otra hacienda para ella cerca del
nacimiento del Riopudio en el término de Olivares, donde se amaron hasta el
final de sus vidas, por lo que el pueblo le puso de sobrenombre a la finca “la
Coriana”.
Fig. 3 Retablo cerámico en la hacienda del Santo Cristo de la Mata en
el término de Bormujos. En este lugar hubo una ermita con una cruz de término
en su exterior que fijaba el límite en la Vereda de Triana a Villamanrique
entre los términos de Mairena del Aljarafe y Bormujos. Junto a la ermita hubo
una venta que origino a la larga la hacienda de la Mata donde en su capilla
durante mucho tiempo estuvo la imagen del Cristo de la Mata. En la actualidad
no se conserva en la hacienda dicha imagen escultórica, sino sólo la cerámica
en una fachada que es una reproducción. Existe bastante paralelismo de este
Cristo con la historia y la finalidad de la Ermita del Cristo de Ugena que aquí
se trata.
La siguiente noticia de la ermita del Santo Cristo de Ugena
es aún más escueta pero bastante reveladora, procede de un padrón para el
cumplimiento de los deberes pascuales (confesión y comunión anual) efectuado
sobre todos los habitantes de Coria con obligación de acudir a esos sacramentos
en la parroquia de la Estrella de Coria del Rio por tener la edad suficiente y
obligación de hacerlo pasado el Domingo de Pascua de Resurrección (por Pascua
Florida). En el padrón aparecen todas las “almas de comunión” del pueblo
distribuidas por las distintas casas de todas las calles del pueblo y al final
aparecen quienes habitan en el extrarradio entre ellas se indica con la
anotación Nº 445 “Santo Cristo de Ugena : Cristóbal Sánchez” [8]. Se puede de
los datos expresados y en particular de esta última referencia deducir que al
existir un solo habitante este debía de ser el ermitaño y que este pertenecía a
la Parroquia de Coria; por tanto de ello se deduce que la ermita se encontraba
habitada y bajo la jurisdicción de Coria y no de Palomares aunque en el mismo
límite.
Finalmente, era costumbre señalar el límite de dos términos
municipales mediante un humilladero o cruz de obra. En efecto existió una cruz
junto al atrio de la ermita de la indirectamente nos han llegado noticias,
dicha cruz actuaba al mismo tiempo como “cruz de término” y “cruz de ermita”
Resulta que D. Pineda Novo nos indica que la cruz de rejería junto a la ermita
del Santo Cristo de Ugena fue traslada una vez desaparecida sobre principios
del s. XIX al centro del pueblo de Palomares y de allí al actual cementerio de
San Sebastián de dicha localidad donde sobrevive, por lo que se trataría del
único recuerdo que ha subsistido de la ermita. [9]
La devoción al Cristo de Ugena (s. XV-XX)
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La primitiva ermita se levantaba junto al camino del Repudio
que era salida natural hacia los campos del Aljarafe (hasta bien finales del s.
XIX no se empleaba la actual carretera de Almensilla), se constituyó sin duda
en un punto de parada de muchos pastores, trabajadores y viajeros cuando salían
o volvían a Coria por el camino más animado de todos [10]. En dicha ermita
existía una imagen de un Santo Crucifijo como hemos visto, por nombre Cristo de
Ugena, que en particular debió alcanzar una gran devoción en Coria. La fama
milagrosa de esa imagen hacía que a ella se volvieran muchas miradas del pueblo
cuando frecuentemente la suerte le volvía la espalda con sequias, arridas y
epidemias. Trascendiendo la devoción también a muchos pueblos del Aljarafe.
Aunque no se tiene certeza exacta del comienzo de su
devoción en Coria, la imagen del Cristo de Ugena se puede suponer que databa
del siglo XV- XVI. Debió de ser una imagen de estilo gótico del tipo del Santo
Cristo de San Agustín de Sevilla que tenía gran devoción en la capital por
dicha época, por tanto con cabellos naturales, paño de pureza de tela y con
nimbo áureo. Fue tal la devoción que hasta mediados del s. XX se registraban
testimonios orales en Palomares de que a la fiesta anual del Santo Cristo de
Ugena acudían en romería peregrinos de muchos pueblos del Aljarafe e incluso de
Sevilla.
Fig. 4 Iglesia de Ntra. Sra. de la Estrella de Palomares del Río, donde
se trasladó el Santo Cristo de Ugena desde su ermita cuando fue abandonada y
venida a ruina en el s. XIX. La imagen del Santo Cristo fue mandada destruir
por el párroco de Palomares debido a su mal estado de conservación hacia 1920.
El interior de esta pequeña ermita rural sólo tenía un
retablo con el Señor de Ugena, tras el que se encontraba un cuadro de pintura
para simular el paisaje del Calvario, donde pudiera ser que se hallasen
pintados la Virgen y San Juan Evangelista a ambos lados del Crucifijo. En esa
época era típico en otras ermitas rurales no dedicadas a la Virgen o a un
santo, la existencia de un solo altar con la presencia de un crucificado de tal
guisa. Las ermitas de mayor entidad tenían aparte de ermitaño, cofradía propia
y/o capellán asignado a su culto, tal fue el caso de la Ermita de Ntra. Sra. de
Guía en Isla Mayor que estaba sometida a la revisión específica del Visitador
de las Ermitas del Arzobispado y no al Visitador de los Pueblos. La ermita
debió ser tan pobre que aunque ocasionalmente se decían misas en ella no
disponía de ornamentos por lo que se llevaban desde la parroquia de Ntra. Sra.
de la Estrella para tales ocasiones. La vinculación de la ermita con Palomares,
parece que fue bastante fuerte, por eso sabemos que cuando la ermita se
abandona como tantas otras en la primera mitad del s. XIX, la cruz de rejería
sobre pedestal que estaba en la explanada de la ermita se llevó a una placeta
de Palomares que aún tiene el nombre de Plaza de la Cruz. Por lo demás el Santo
Cristo de Ugena fue trasladado a la parroquia de la Estrella de Palomares donde
recibió culto hasta que debido al completo grado de deterioro que sufría la
imagen, ésta fue mandada a quemar por el cura párroco hacía 1920, con lo que se
pone punto y final a esta historia de devoción por este afamado Cristo.
NOTAS
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[1] Ugena (lugar de la Hacienda de Regla en Palomares) y
Uncina (zona del actual cementerio municipal S. Lucas de Coria) son dos sitios
muy próximos a ambos lados de la línea de separación de los términos de
Palomares y Coria respectivamente. Cabe señalar la concomitancia del topónimo
Ugena con el de Uncina pues ambos pueden proceder de la misma raíz cuyo origen
pudo estar en una villa romana la “villa de Ugius o Ussius”. Dado que Ugena ha
persistido como hacienda de olivar hasta nuestros días y que Uncina (cuyo
yacimiento ha sido excavado parcialmente entre 2011-2017 por Pablo Garrido
González quien da cuenta de su trabajo Arqueológico en “Riopudio. De la mutatio
romana a la alquería andalusí de Uncina”. Rev. Feria Coria del Río 2019) tuvo
su mayor prosperidad entre los ss. IX yXIII pero desapareció como alquería tras
la reconquista cristiana en el s. XIII por despoblamiento (en este caso sin que
ni siquiera llegase a convertirse en una simple hacienda de olivar o en
cortijo), El material hallado en Uncina tiene continuidad desde la Edad del
Bronce, aunque el asentamiento alcanzó su máxima extensión en el periodo
analusí ; podemos establecer una hipótesis por contrastar que pasamos a exponer.
El sitio “coriano” en su versión Uncina pudo ser además de una mutatio una
villa romana que se corresponde a otra
versión Ugena, este nombre pudo ser asimilado por la vecina alqueria “palomareña” en algún momento de la edad
media y ciertamente tras la reconquista, al fin y al cabo las demarcaciones
medievales no tiene por qué coincidir con las de época romana. En todo caso en
el periodo árabe se conservó la denominación de Ugena en un sitio y en el otro
topónimo de Uncina nos ha llegado por fuentes cristianas. Es preciso recordar
que las alquerías que constituyeron el territorio coriano tras la Reconquista
fueron Coria, Loya y Uncina. Mientras que las poblaciones que formaron la
mitación de Palomares fueron Palomares, Almensilla, Seismalos, Mairena y Ugena.
En todo caso Uncina se encuentra en la margen derecha del
Riopudio y Ugena casi frontera en la otra orilla pero conectadas por un vado
por tanto formando probablemente un todo unido, esto es así porque en época
romana a partir de ese punto se abría el
caño del Riopudio que era ocupado por las aguas del Guadalquivir, por lo que la
importancia del sitio vino marcado porque en época romana hasta allí podían
subir los barcos y servir de puerto. En época árabe al retirarse las aguas del
Guadalquivir perdió Uncina su carácter de puerto, pero debió prosperar en este
caso más debido a ser un sitio de paso del Ganado que se dirigía a Isla Mayor,
lo que más tarde sería la Cañada Real de Medellín a Isla Mayor que está
inmediata a este lugar.
[2] A. Hernández Parrales “Algo de Historia de la Cofradía
de la Veracruz” Rev. Expiración pag 27 Coria del Río (1966). Antonio Hernández
Parrales fue archivero del Archivo Arzobispal de la Santa Catedral de Sevilla.
[3] Cercana a la Ermita del Cristo de Ugena, en el paraje conocido
en Coria como Uncina por una alquería árabe despoblada, se hallaba también el
descansadero del Pozo de la Zarza (detrás del actual cementerio municipal)
destinado a los rebaños del Mesta que pasaban hacia las Islas. Probablemente la
Dehesa del Rey, que formaban parte de los bines propios del Concejo de Coria,
en su momento, toda fuese toda unos baldíos destinados mediante alquiler al
pasto y descanso de los rebaños trashumantes. Todo ello subraya la importancia
que tuvo el tránsito ganadero por esta zona.
[4] D. Pineda Novo. “La Villa de Palomares entre el Aljarafe
y la Ribera” Ayto Palomares (1981) vid. Pag. 21 Aquí se nos proporciona toda la
información que sigue. Al sur del casco urbano de Palomares del Río al margen
del camino conocido como “Cordel de Ugena” a la derecha del mismo en dirección
a Coria se encuentra una hacienda que antiguamente se llamaba Ugena y hoy
Hacienda de Regla. En las inmediaciones de la hacienda, entre su caserío y el
Riopudio, está el yacimiento de Ugena situado en un montículo de escasa
elevación, hoy muy deteriorado por efecto del arado de las tierras y otras
intervenciones. Ese yacimiento pudo ser identificado gracias a los restos de
dos pilares de una estructura que con seguridad formaba parte de un pequeño
puente sobre el arroyo de Ugena. El yacimiento de Ugena mostraba hasta hace
pocos años casi a flor de tierra numeroso restos de cerámica de época árabe y
medieval cristiana, restos de una alberca y otras edificaciones que demuestran
la existencia de un asentamiento árabe, cristiano medieval y tuvo continuidad
hasta el s. XVIII cuando se despobló. El cortijo de Ugena-Regla tenía en su
interior un oratorio y algunas edificaciones para sus trabajadores, hasta el s.
XVII las tierras de esta hacienda tuvieron una enorme extensión que llegaba
hasta el otro gran cortijo vecino de Puñana. Originalmente Abgena-Ugena era una
alquería árabe que tras la reconquista fue dada como heredamiento por el Rey
Alfonso X el Sabio a Don Simón Ruiz el 7 de junio de 1253. El libro de repartimiento
indica: “ Diole Abgena, a que puso el rey el nombre de Camero, que es en
término de [San Juan de] Aznalfarache , e avía en ella veinte mil pies de
olivar e de figueral; fue asmada (estimada) en doçintas arançadas de sano”: El
mayorazgo instituido en esta hacienda dio nombre al título sevillano de
Vizconde de Ugena creado en la época de los Austrias. En el s. XVIII la aldea
se despobló permaneciendo sólo la casa de señorío a la que se accedía por el
camino atravesando un pequeño puente sobre la gavia que en que se convirtió el
arroyo de Ugena.
[5] D. Pineda Novo Op. Cit. pag. 76 referente al Libro de
visitas nº 9 Piezas eclesiásticas con capellanías del año 1706 del visitador
Dr. D. Joaquin Usum y Soria (Archivo del Palacio Arzobispal de Sevilla).
[6] M. Fernández Gómez. La misión Keicho (1613-1620):
Cipango en Europa. Una embajada japonesa en la Sevilla del siglo XVII. Stud.
his. H. mod., nº 20. pp. 269-295 Univ. Salamanca (1999).
[7] R. Ronquillo Pérez “Hallazgo de una partida de 50
tinajas de 200 arrobas fabricadas en Coria en el sglo XVIII” Rev. Feria Ayto.
Coria del Rio pag. 10-14 (2006)
[8] D. Pineda Novo. Un padrón inédito de Coria del Rio de
1786 pag. 100. Ed. Ayto. Coria del Río nº 20 Rev. Azotea (2015).
[9] vid. D. Pineda Novo. “La Villa de Palomares entre el
Aljarafe y la Ribera” Ayto Palomares (1981)
[10] Este camino unía Coria con los pueblos del Aljarafe
entorno a la cuenca del Riopudio. Los nodos de comunicación eran puentes con
mayor capacidad en consonancia a la importancia de cada camino. Puentes o
alcantarillas que salvaban ambas orillas como: el de la ermita de Ugena;
Almensilla-Palomares; Bollullos de la Mitación-Mairena-Bormujos (hoy conocido
como Puente Romano que se cruzaba el eje de la vereda de Triana-Villamanrique
junto a la Venta del Repudio y cerca de la antigua ermita de Santo Domingo del
Repudio), Espartinas-Gines y el puente más importante que servía al Camino Real
de Sevilla al Condado de Niebla y Huelva uniendo Olivares-Salteras- Villanueva
del Ariscal. Después el segundo camino con más uso en Coria era el que llevaba
Sevilla que bordeaba la cornisa del Aljarafe, pues en este caso el tráfico se
repartía con el traslado en barcas por el río Guadalquivir desde el puerto de
la Dehesilla, evitando así la incomodidad del meandro de la Merlina en el
transporte fluvial hasta la capital hispalense.
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